1 Pedro 4: La obligación del cristiano

Categorías: Nuevo Testamento y Primera de Pedro.

Así que, de la misma manera que Cristo sufrió en Su naturaleza humana, vosotros también debéis estar pertrechados con la misma convicción de que el que ha sufrido en su propia carne ha terminado para siemprq con el pecado, y en consecuencia su propósito es vivir lo que le quede de vida en la carne, no ya para obedecer, a las pasiones humanas, sino a la voluntad de Dios] Porque ya es bastante que hayáis vivido como los paganos en el pasado, una vida de desmadre, lujuria, borracheras, juergas, jaranas e idolatría abominable. A la gente les extraña que ya no corráis a reuniros con ellos en la misma inundación de vicio, y se burlan de vosotros por no hacerlo. Pero ellos tendrán que dar cuenta al Que está dispuesto para juzgara los que sigan vivos y a los que ya hayan muerto.

El cristiano se compromete a abandonar los caminos del paganismo y a vivir como Dios quiere que viva. Pedro dice: «El que ha sufrido en la carne ha terminado con el pecado.» ¿Qué quiere decir exactamente eso? Hay tres posibilidades diferentes.

(i) Hay una línea firme en el pensamiento judío de que el sufrimiento es en sí un gran purificador. En el Apocalipsis de Baruc el escritor, hablando de las experiencias del pueblo de Israel dice: «Así que, entonces, fueron castigados para ser santificados» (13:10). Con referencia a la purificación de los espíritus humanos, Enoc dice: «Y conforme el ardor de su cuerpo se vaya haciendo más severo, un cambio correspondiente tendrá lugar en su espíritu para siempre jamás; porque delante del Señor de los espíritus ninguno podrá proferir una palabra mentirosa» (67:9). Los sufrimientos terribles de aquel tiempo se describen en 2 Macabeos, y su autor dice: «Ruego a todos los que lean este libro que no se desanimen, atemoricen o vacilen por estas calamidades, sino que juzguen estos castigos, no para su destrucción, sino para la purificación de nuestra nación. Porque es una señal de Su gran bondad, cuando a los malhechores no se les permite proseguir en sus caminos por largo tiempo, sino son castigados pronto. Porque no como con las otras naciones, a las que el Señor espera pacientemente para castigar hasta que llegue el Día del Juicio y lleguen a la plenitud de sus pecados; así nos trata Él, no sea que, habiendo llegado al colmo del pecado, seguidamente tomara venganza de nosotros. Y aunque Él castigue a los pecadores con adversidad, sin embargo nunca olvida a Su pueblo» (6:12-16). La idea es que el sufrimiento santifica y que el no ser castigado es el mayor castigo que Dios puede imponer a nadie. «Bienaventurado el hombre a quien Tú, Señor, corriges,» dijo el salmista (Salmo 94:12). « He aquí, bienaventurado es el hombre a quien Dios castiga,» dijo Elifaz (Job 5:17). «Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo» (Hebreos 12:6). Si esta es la idea, quiere decir que el que ha sido disciplinado por el sufrimiento se ha curado del pecado. Ese es un gran pensamiento. Nos permite, como dijo Browning, «recibir con agrado toda adversidad que suaviza lo áspero de la tierra.» Nos permite dar gracias a Dios por las experiencias que hieren pero salvan el alma. Pero, aunque éste es un gran pensamiento no es estrictamente pertinente aquí.

(ii) Bigg cree que Pedro está hablando en términos de la experiencia que tuvo su pueblo de sufrir por la fe cristiana. Lo expresa como sigue: « El que ha sufrido en humildad y en temor, el que ha soportado todo lo que la persecución puede producirle antes que asociarse con los malos caminos, se puede confiar que obrará íntegramente; es manifiesto que la tentación no tiene poder sobre él.» La idea es que, si una persona ha soportado la persecución y no ha negado el nombre de Cristo, ha salido por la otra orilla con un carácter tan probado y una fe tan fortalecida que la tentación ya no le puede tocar más. De nuevo encontramos aquí un gran pensamiento: el de que toda prueba y tentación nos viene para hacernos más fuertes y mejores. Toda tentación resistida nos hace más fácil resistir la siguiente; y cada tentación conquistada nos hace más capaces de vencer el siguiente ataque. Pero aquí también es dudoso que esta idea sea pertinente aquí.

(iii) La tercera explicación es muy probablemente la correcta. Pedro acaba de hablar del Bautismo. Ahora bien, el gran pasaje del Nuevo Testamento sobre el Bautismo es Romanos 6. En ese capítulo, Pablo dice que la experiencia del bautismo es como ser sepultados con Cristo en muerte, y resucitados con Él a novedad de vida. Creemos que esto es lo que está pensando Pedro aquí. Ha hablado del bautismo; y ahora dice: « El que en el bautismo ha compartido los sufrimientos y la muerte de Cristo, ha resucitado con Él a tal novedad de vida que el pecado ya no ejerce más dominio sobre él» (v. Romanos 6:14). De nuevo debemos tener presente que éste es el bautismo al que una persona viene voluntariamente del paganismo al Cristianismo.

En ese acto del bautismo se identifica con Cristo; comparte sus sufrimientos y hasta su muerte; y comparte su vida de resurrección y poder y es, por tanto, vencedor del pecado. Cuando ha sucedido esto, la persona le ha dicho adiós a su anterior manera de vivir. El gobierno del placer, el orgullo y la pasión ha desaparecido, y ha empezado el de Dios. Esto no era fácil de ninguna manera. Los anteriores compañeros se reirían de ese nuevo puritanismo que había entrado en su vida. Pero el cristiano sabe muy bien que el juicio de Dios vendrá, cuando se dará la vuelta a los juicios del mundo y los placeres que son eternos compensarán mil veces por los placeres transitorios que tuvo que abandonar en esta vida.

La última oportunidad

Porque para esto se les ha predicado el Evangelio hasta a los muertos: para que, aunque ya han sido juzgados en la naturaleza humana, puedan vivir en el Espíritu con la vida de Dios.

Este pasaje tan difícil acaba con un versículo muy difícil. De nuevo nos encontramos la idea de que el Evangelio les fue predicado a los muertos. Por lo menos tres significados diferentes se han adscrito a los muertos. (i) Se ha tomado como refiriéndose a los muertos en el pecado, no los que están físicamente muertos.

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