1-de-Samuel-2--Cántico-de-Ana

1 de Samuel 2: Cántico de Ana

1 de Samuel 2:1 Y Ana oró y dijo: Mi corazón se regocija en Jehová, mi poder se exalta en Jehová; mi boca se ensanchó sobre mis enemigos, por cuanto me alegré en tu salvación.

Este bello cántico de alabanza sirve de modelo al cántico de acción de gracias de María que aparece en Lucas 1:46-55.

Toda su persona se entrega en alabanza al Señor: su corazón , el centro del ser humano, y su poder , la fuerza de que disponía. Mi boca se ensanchó significa «sonreí» delante de mis enemigos. En el Salmo 35:21-25 esta frase se usa para referirse a enemigos que son devorados en el sentido de derrotados.

Ana alabó a Dios por la respuesta a su oración por un hijo. El tema de su oración poética fue su confianza en la soberanía de Dios y su agradecimiento por sus bendiciones. María, la madre de Jesús, utilizó la oración de Ana como modelo de su propia canción de alabanza llamada Magnificat. Como Ana y María, debemos confiar en que Dios tiene el control último sobre los hechos de nuestras vidas, y debemos estar agradecidos por la manera en que nos ha bendecido. Al alabarlo por todas las cosas buenas, estamos reconociendo su control definitivo sobre todos los asuntos de la vida

1 de Samuel 2:2 No hay santo como Jehová; porque no hay ninguno fuera de ti, y no hay refugio como el Dios nuestro.

Ana alaba a Dios por ser una Roca firme, fuerte e inmutable. En nuestro agitado mundo, los amigos van y vienen y las circunstancias cambian. Es difícil encontrar una base sólida que no cambie. Aquellos que dedican sus vidas a lograr causas o posesiones tengan la seguridad que son cosas finitas y transitorias. Las posesiones por las que trabajamos tan duro perecerán. Pero, Dios siempre está presente. Espere en El. El nunca falla.

1 de Samuel 2:3 No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca el pesar las acciones.

Por la forma en que Ana dice estas palabras, no hay duda que se refiere a la arrogancia y los regaños de Penina. Sin embargo, Ana no tenía que pagarle con la misma moneda, ya que ella sabía que Dios lo sabe todo, y que juzgará todo pecado y orgullo. Sabiamente, Ana dejó a Dios el juicio. Resista la tentación de hacer justicia por su propia mano. Dios juzgará sus obras, así como las de aquellos que le han hecho mal.

1 de Samuel 2:4 Los arcos de los fuertes fueron quebrados, Y los débiles se ciñeron de poder.

1 de Samuel 2:5 Los saciados se alquilaron por pan, Y los hambrientos dejaron de tener hambre; Hasta la estéril ha dado a luz siete, Y la que tenía muchos hijos languidece.

Esto alude a Ana y a su rival, Penina. El Señor puede trastornar por completo la situación, como hizo con Ana.

1 de Samuel 2:6 Jehová mata, y él da vida; El hace descender al Seol, y hace subir.

Ana puede regocijarse porque está en manos de un Dios soberano que decide en última instancia sobre nuestras vidas.

1 de Samuel 2:7 Jehová empobrece, y él enriquece; Abate, y enaltece.

1 de Samuel 2:8 El levanta del polvo al pobre, Y del muladar exalta al menesteroso, Para hacerle sentarse con príncipes y heredar un sitio de honor. Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él afirmó sobre ellas el mundo.

1 de Samuel 2:9 El guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su propia fuerza.

1 de Samuel 2:10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, Y sobre ellos tronará desde los cielos; Jehová juzgará los confines de la tierra, Dará poder a su Rey, Y exaltará el poderío de su Ungido.(A)

Aquí aparece la primera referencia al Mesías (la palabra hebrea para Ungido) junto a la idea de un rey.

Vivir en un mundo donde la amenaza de un holocausto nuclear siempre está presente y donde el mal abunda puede hacernos olvidar que Dios es soberano sobre todas las cosas. Ana vio a Dios

(1) sólido como una roca

(2) como uno que ve lo que hacemos

(3) soberano sobre todos los asuntos de la gente y

(4) el juez supremo que administra justicia perfecta.

Recuerde que el control soberano de Dios nos ayuda a poner en perspectiva los hechos del mundo y las circunstancias personales.

1 de Samuel 2:11 Y Elcana se volvió a su casa en Ramá; y el niño ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí.

Samuel aprende el oficio sacerdotal bajo la dirección de Elí, a quien sirve personalmente.

Samuel «ministraba a Jehová delante del sacerdote Elí». En otras palabras, Samuel era el ayudante o asistente de Elí. En ese rol, las responsabilidades de Samuel debieron haber incluido abrir todas las mañanas las puertas del tabernáculo y limpiar el mobiliario y barrer los pisos. Cuando creció, Samuel debió haber ayudado a Elí a ofrecer los sacrificios. El hecho de que usara un efod de lino (una vestidura usada por los sacerdotes) significa que era un aprendiz de sacerdote. Debido a que Samuel era el ayudante de Elí, también era ayudante de Dios. Cuando uno sirve a otros, incluso en tareas ordinarias, está sirviendo a Dios. Ya que en última instancia servimos a Dios, todo trabajo tiene su dignidad.

El pecado de los hijos de Elí

1 de Samuel 2:12 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová.

No tenían conocimiento de Jehová : No le temían ni le obedecían.

La ley estipulaba que todas las necesidades de los levitas fueran satisfechas por medio de los diezmos del pueblo. Ya que los hijos de Elí eran sacerdotes, debían usar este medio para satisfacer sus necesidades. Pero los hijos de Elí se aprovecharon de su posición para satisfacer su lujuria de poder, de posesiones y de control. Su desprecio y arrogancia hacia el pueblo y el culto socavaron la integridad de todo el sacerdocio.

Elí sabía que sus hijos eran malos, pero hizo muy poco para corregirlos o detenerlos, incluso cuando la integridad del santuario de Dios se veía amenazada. Como sumo sacerdote, Elí debió haber ejecutado a sus hijos. Como era de esperar, Elí no quiso enfrentar la situación. Al ignorar sus acciones egoístas, Elí permitió que sus hijos arruinaran sus vidas y las de muchos otros. Hay momentos en los que debemos enfrentar los problemas serios, aun cuando las consecuencias puedan ser dolorosas.

1 de Samuel 2:13 Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes,

Este tenedor era un utensilio usado en el tabernáculo para ofrecer los sacrificios. Hecho de bronce usualmente tenía tres dientes para engarfiar la carne que sería ofrecida en el altar. Los hijos de Elí usaban el tenedor para sacar más carne del caldero de lo que debían.

¿Qué era lo que estaban haciendo mal los hijos de Elí? Estaban tomando partes del sacrificio antes de que fueran ofrecidas a Dios en el altar. Además estaban comiendo carne antes de que se quemara la grosura. Esto era contra la ley de Dios. En efecto, los hijos de Elí estaban tratando con desprecio las ofrendas de Dios. Las ofrendas se ofrecían para expresar a Dios honor y respeto mientras se buscaba el perdón por los pecados, pero los hijos de Elí estaban pecando mientras hacían las ofrendas, demostrando a Dios una irreverencia descarada. Y como si esos pecados no fueran suficientes, se acostaban con las mujeres que servían allí.

Como los hijos de Elí, actualmente algunas personas tratan la fe que otros tienen en Dios y sus «ofrendas» con desprecio. Dios juzga severamente a aquellos que descarrían al pueblo o menosprecian lo que se dedica a El.

1 de Samuel 2:14 y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo.

1 de Samuel 2:15 Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda.

1 de Samuel 2:16 Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza.

Pedir la carne antes que hubiese sido ofrecida en sacrificio era robarle a Dios.

1 de Samuel 2:17 Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová.

1 de Samuel 2:18 Y el joven Samuel ministraba en la presencia de Jehová, vestido de un efod de lino.

Efod de lino : No es el efod elaborado que se menciona en relación con la ceremonia que sirve para solicitar la guía especial de Jehová (versículo 28; 14.3), sino una simple vestidura utilizada por los sacerdotes al atender sus deberes sagrados.

Samuel usaba un efod de lino. Un efod era un chaleco largo sin mangas hecho de lino puro que usaban los sacerdotes. El efod del sumo sacerdote tenía un significado especial. Estaba bordado con una variedad de colores brillantes. Unido a él estaba el pectoral, una pieza parecida a un babero con hombreras bordadas en oro. Había doce piedras preciosas unidas al pectoral, las que representaban a cada una de las tribus de Israel. Unido al efod había un saquito que contenía el Urim y el Tumim, dos pequeños objetos que se usaban para determinar la voluntad de Dios en ciertos asuntos nacionales.

1 de Samuel 2:19 Y le hacía su madre una túnica pequeña y se la traía cada año, cuando subía con su marido para ofrecer el sacrificio acostumbrado.

1 de Samuel 2:20 Y Elí bendijo a Elcana y a su mujer, diciendo: Jehová te dé hijos de esta mujer en lugar del que pidió a Jehová. Y se volvieron a su casa.

1 de Samuel 2:21 Y visitó Jehová a Ana, y ella concibió, y dio a luz tres hijos y dos hijas. Y el joven Samuel crecía delante de Jehová.

Dios visitó repetidamente a Ana para hacer el milagro, sin el cual hubiese permanecido estéril.

Dios honró los deseos de la fiel Ana. Nunca más volvimos a saber de Penina ni de sus hijos, pero Samuel fue utilizado poderosamente por Dios. Además, Dios le dio a Ana otros cinco hijos además de Samuel. A menudo Dios nos bendice en formas que no esperamos. Ana nunca esperó tener un hijo a su edad, ¡mucho menos seis! No se resienta por el tiempo que Dios se toma en contestar. Quizá las bendiciones de Dios no sean inmediatas, pero llegarán si somos fieles a lo que El dice en su Palabra.

1 de Samuel 2:22 Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión.

Elí tenía 98 años de edad cuando los filisteos se apoderaron del arca. Las mujeres que velaban eran aquellas que se ocupaban de las labores manuales a la entrada del tabernáculo.

1 de Samuel 2:23 Y les dijo: ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes.

Los hijos de Elí sabían lo que debían hacer, pero continuaron desobedeciendo a Dios deliberadamente al engañar, seducir y robar al pueblo. Por lo tanto, Dios planeó quitarles la vida. Cualquier pecado es malo, pero el pecado realizado deliberada y engañosamente es de la peor clase. Cuando pecamos por ignorancia, merecemos castigo, pero cuando pecamos intencionalmente, las consecuencias serán más severas. No ignore las advertencias de Dios acerca del pecado. Abandone el pecado antes que este se convierta en un estilo de vida.

1 de Samuel 2:24 No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová.

1 de Samuel 2:25 Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él? Pero ellos no oyeron la voz de su padre, porque Jehová había resuelto hacerlos morir.

Jehová había resuelto hacerlos morir porque sobrepasaron los límites de la tolerancia divina. Este es un severo ejemplo de la administración de la justicia divina en casos individuales, una anticipación del juicio final, en los tiempos postreros.

1 de Samuel 2:26 Y el joven Samuel iba creciendo, y era acepto delante de Dios y delante de los hombres.

Nótese el contraste entre la debilidad de los hijos de Elí y la rectitud del juez que Dios estaba levantando. Iba creciendo , y era acepto delante de Dios y delante de los hombres; lo mismo se dice del niño Jesús en Lucas 2:52.

¿Acaso un Dios amoroso hace planes para matar a la gente? Observe la situación que había en el tabernáculo. Una persona ofrecía una ofrenda para el perdón de sus pecados, y los hijos de Elí robaban las ofrenda y hacían una farsa de la actitud de arrepentimiento de esa persona. Dios, en su amor por Israel, no podía tolerar esta situación. Por eso permitió que ellos murieran como resultado de su propia presunción jactanciosa. Llevaron el arca a la batalla, pensando que los protegería. Pero Dios retiró su protección y murieron los malvados hijos de Elí

1 de Samuel 2:27 Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón?

No se sabe quién pudo ser este varón de Dios . La casa de tu padre se refiere a Aarón y a los sacerdotes de su familia.

1 de Samuel 2:28 Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí;(B) y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel.(C)

1 de Samuel 2:29 ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel?

Hollado mis sacrificios : Significa actuar sin consideración alguna. Elí, como sumo sacerdote y padre, es responsable por los pecados de sus hijos.

Elí tuvo muchos problemas al tratar de criar a sus hijos. Cuando se dio cuenta de su maldad, aparentemente no aplicó ninguna acción disciplinaria fuerte a sus hijos. Pero Elí no era solo un padre tratando de vérselas con hijos rebeldes. Era el sumo sacerdote que pasaba por alto el pecado de los sacerdotes que estaban bajo su jurisdicción. Por ello, el Señor tomó las medidas disciplinarias necesarias que Elí evadió.

Elí fue culpable por honrar a sus hijos por encima de Dios al permitirles que continuaran en pecado. ¿Hay algo en su vida, familia o trabajo que usted sigue permitiendo que suceda aun cuando sabe que está mal? Si es así, puede ser tan culpable como aquellos que están involucrados en esa mala acción.

1 de Samuel 2:30 Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco.

1 de Samuel 2:31 He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa.

Para el cumplimiento de esta predicción véase 1Ki_2:26-27. Esta es cuando Salomón quitó a Abiatar de su posición, terminando así con la línea de Elí. Después Dios levantó a Sadoc, un sacerdote bajo el reinado de David y luego sumo sacerdote bajo Salomón. La línea de Sadoc probablemente continuó en su lugar hasta los días de Esdras.

1 de Samuel 2:32 Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa.

1 de Samuel 2:33 El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril.

1 de Samuel 2:34 Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día.

1 de Samuel 2:35 Y yo me suscitaré un sacerdote fiel, que haga conforme a mi corazón y a mi alma; y yo le edificaré casa firme, y andará delante de mi ungido todos los días.

El sacerdocio pasó de la línea de Elí a la de Sadoc, cuando Salomón reemplazó a Abiatar, un descendiente de Elí. La profecía tiene un sentido mesiánico que apunta a Jesucristo, quien es el sacerdote fiel que combina los oficios de sacerdote y rey

«Mi ungido» se refiere al rey (véase 2.10). Dios estaba diciendo que su fiel sacerdote serviría a su rey para siempre.

1 de Samuel 2:36 Y el que hubiere quedado en tu casa vendrá a postrarse delante de él por una moneda de plata y un bocado de pan, diciéndole: Te ruego que me agregues a alguno de los ministerios, para que pueda comer un bocado de pan.

Ana

La oración de Ana nos muestra que todo lo que tenemos y recibimos es un préstamo de Dios. Ana pudo haber tenido muchas razones para ser una madre posesiva. Pero cuando Dios contestó su oración, ella cumplió su promesa de dedicar a Samuel al servicio de El.

Ella descubrió que el gozo más grande en tener un hijo es regresárselo total y libremente a Dios. Ella entró en la maternidad preparada para hacer lo que todas las madres deberán hacer a la larga: dejar ir a sus hijos.

Cuando los niños nacen, son completamente dependientes de sus padres para todas sus necesidades básicas. Esto hace que algunos padres se olviden que esos mismos niños crecerán hacia la independencia dentro de unos pocos años. Estar consciente de las diferentes etapas de este saludable proceso fortalecerá en gran manera las relaciones familiares;este proceso ocasionará gran dolor. Gradualmente debemos dejar ir a nuestros hijos para poder permitirles que lleguen a ser adultos maduros e interdependientes.

Ana fue: Madre de Samuel, el más grande juez de Israel; Ferviente creyente; eficaz en la oración; Dispuesta a cumplir un muy costoso compromiso. Pero tuvo sus debilidades y errores : Luchó con su autoestima porque no podía tener hijos. De su vida aprendemos que: Dios escucha y contesta las oraciones; Nuestros hijos son regalos de Dios; Dios está preocupado por el oprimido y el afligido.

A Ana la vemos en Efraín, de ocupación: Ama de casa. Esposa de Elcana. Madre de Samuel. Más tarde, otros tres hijos y dos hijas. Contemporánea de Elí, el sacerdote

El canto de Ana

En el versículo 1 dice que Ana oró y se usa la misma palabra hebrea que en 1:10. Evidentemente la oración incluye no solamente la plegaria sino también la alabanza. Hay varios cantos en la Biblia: el de Moisés en Exodo 15, el de Débora y Barac en Jueces 5 y el de los 144.000 en Apocalipsis 14. Este canto se asemeja más al de María en Lucas 1. Alaba a Dios por lo que ha hecho, ¡pero también por lo que es! La palabra poder es lit. “cuerno” y la frase quiere decir levantar a una posición de poder y de dignidad. Alguien ha dicho que la alabanza es el alquiler que debemos a Dios, y por más grande que sea nuestra herencia, más será lo que se adeuda. La palabra “alabar” en hebreo, aunque no se usa aquí, quiere decir “irradiar” luz. Hay algo parecido en el versículo 1 que se traduce me he alegrado y quiere decir lit. “brillar alegremente”. El deseo de cada creyente y adorador de Dios debe ser el de reflejar la luz divina.

El cántico hace resaltar el contraste entre los capítulos 1 y 2. Antes, Ana fue irritada y entristecida por su rival; ahora las palabras arrogantes han cesado. Antes, los fuertes dominaban; ahora los débiles se han ceñido de poder. Antes, su rival se saciaba con hijos; ahora su rival languidece. Antes, Ana fue humillada hasta el polvo; ahora ella es elevada al trono de honor, lit. la palabra es “gloria”). Y todo esto se realizó por la oración eficaz de esta mujer justa. Ella tenía fe en el Dios que realiza cambios y obra a favor de los que se humillan en su presencia.

La palabra juzgará en el versículo 10 quiere decir “reinará” o “gobernará”. Aquí Ana proféticamente anuncia que algún día toda justicia verdadera en la tierra será administrada por el Rey y Ungido (lit. Mesías) de Dios. Este tema se va a desarrollar por todo el AT. Solamente en el NT se identifica el Mesías y notamos que fue revelada su identidad a una mujer samaritana. Jesucristo se reveló a ella como el Prometido de Israel.

El pecado de Elí

Nos acordamos que Elí equivocadamente había acusado a Ana de ser una mujer impía. En realidad eran sus propios hijos que la Palabra de Dios acusa de ser impíos. Levítico 7 establecía la porción del sacrificio que el adorador le podría dar al sacerdote. Los hijos de Elí ni pedían permiso ni esperaban que se les diera del sacrificio. Ellos se servían de la carne y su conducta fue muy grosera. Además no seguían las instrucciones dadas por Dios en ese capítulo de Levítico referente a la manera correcta de ofrecer el sacrificio (versículo 16). Y sobre todo trataban con irreverencia (versículo 17) las ofrendas de Jehová. La palabra hebrea aquí quiere decir no solamente despreciar sino también rechazar. Este fue el mismo pecado de Coré, Datán y Abiram. Ellos “menospreciaron” (la misma palabra que aquí es traducida trataban con irreverenciai ) a Jehová y descendieron vivos al Seol condenados por el juicio divino. Igualmente en el día de hoy dice : … el que desobedece (o rehusa creer) al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él.

Un niño como Samuel Hace años tuvimos el privilegio de conocer a un niño que como Samuel comenzó a servir al Señor a la edad de ocho años. Tuvo una temprana y notable conversión bajo el ministerio de un misionero cuyo nombre permanece en el anonimato y que además fue muy fugaz en tierra de los incas, al parecer el único fruto de ese ministerio, su nombre: Eduardo Palací.

Eduardo había nacido en 1884. Desde muy joven se afilió al Ejército de Salvación, pasando todas las etapas de su servicio hasta alcanzar el grado de Coronel, rango máximo para la categoría de oficiales de un área territorial.

Fue un notable predicador del evangelio. Poeta y escritor de libros inspiracionales. Traductor, en este campo fue considerado «príncipe» de traductores. Palací, como Samuel en la Biblia, dejó huellas profundas en la obra del Señor en la Argentina. Las plazas y calles de Buenos Aires donde murió en 1961 siguen siendo testigos mudos de su voz ronca, pero clara y emotiva donde enaltecía al nombre de Jesucristo a quien aprendió a amar desde su niñez.

El crecimiento de Samuel

Samuel, aunque pequeño, ministraba. Habría sido algo correspondiente a su edad; encender velas, tener la copa, cumplir diligencias, cerrar una puerta. Pero todo lo hacía con cariño y con gusto. Lógicamente su vida incluiría entrenamiento en la escuela del área y ejercicios o juegos apropiados para un niño. Su ministerio después manifestó una alta capacidad ministerial y administrativa. Llevaba un efod de lino especialmente tejido y una túnica de hechura maternal. La palabra efod es netamente hebrea y no se traduce. En su sentido original quería decir una vestimenta que consistía de dos piezas, atrás y adelante, ceñidas con un cinto. El lino era un material especialmente designado para el sacerdote que servía en el tabernáculo. Era un material que no hacía sudar. La túnica, en cambio, llegaba a los pies o rodillas, con o sin mangas, y tenía un agujero para meter la cabeza. Sería tejida desde arriba y sin costura, de algodón o lino. Desde luego el efod fue algo asociado con el sacerdocio de Aarón. No hay indicación alguna en el NT de que los pastores o ministros hubieran llevado una vestidura especial. Incluso sería incompatible con el hecho de que todo creyente en Cristo es sacerdote ante Dios. Así crecía Samuel espiritualmente (versículo 21), físicamente y socialmente (versículo 26). Esto nos recuerda de la fraseología referente a Jesús.

Hay una pequeña posdata aquí que es muy linda. El versículo 21 nos informa que Jehová le dio a Ana tres hijos y dos hijas. En el Salmo 10:22 dice: La bendición de Jehová es la que enriquece y no añade tristeza con ella. Nos recuerda otra vez que debemos buscar primeramente el reino de Dios… y todas estas cosas os serán añadidas.

El rechazo de Elí y sus hijos

Elí censura a sus hijos. La palabra voz en el versículo 25 se usa mucho como “tronar” o “hablar fuerte”. Este padre gritaba cuando era tiempo de tomar medidas. Los hijos adulteraban con las mujeres que atendían y servían en el tabernáculo (versículo 22). Su procedimiento, es decir su manera de hablar, fue malo. Pero lo peor es que hiciera pecar el pueblo (versículo 24). Bíblicamente Elí les tenía que haber condenado a la muerte (ver Leversículo 10). Pero no lo hizo. Sólo les advertía de que Dios les iba a juzgar (versículo 25). ¿Cuántas veces dejamos para Dios lo que debemos hacer nosotros? Evidentemente había fracasado en la crianza de sus hijos y ahora les dejaba sin castigo. La ley demandaba apedrearlos.

Por cuanto Elí no hizo nada más que gritarles, Dios envió a un profeta. Este hombre anónimo aquí se llama un hombre de Dios sin más apelativos. Se llama al rey David hombre de Dios y se nos dice por qué se llama así. Es que guardó los mandamientos de Dios y anduvo en pos de él. Nunca sabremos cómo se llamaba este siervo de Dios o los otros cuatro hombres que se designan solamente así. Pero es un alto privilegio ser nada más que un hombre de Dios.

El mensaje fue duro. Verdaderamente al que se le ha confiado más, también más se le pedirá. Son los maestros los que recibirán mayor condenación. Así que anuncia que habrá debilidad en su familia (versículo 31), la humillación del tabernáculo (versículo 32), la transferencia del sacerdocio (versículo 33) y la muerte de Ofni y Fineas en un solo día (versículo 34). Su familia se debilitó. La transferencia del sacerdocio tomó lugar en días del rey Salomón. Con la muerte de los dos hijos de Elí, el arca nunca volvió a Silo y este lugar declinó.

Pero el versículo 35 parece extenderse más allá de hombre alguno en cuanto a su interpretación. Aunque algunos comentaristas suponen que esto se refiere a Samuel, otros como los rabinos Rashi y Abarbanel, dicen que la referencia se dirige a Sadoc, el descendiente de Eleazar. El reemplazó a Abiatar en días de Salomón. Abiatar había descendido de Itamar, el hijo de Aarón (de quien era Elí). Estas dos posibilidades pueden dar cumplimiento más o menos de inmediato a la profecía. Pero el cumplimiento lejano y cabal tiene que encontrar su realización en la persona de nuestro gran ReySacerdote, Jesucristo. En él se unen los dos oficios y él es fiel. Moisés había hablado en su canto del Rey Mesías. Ana había hablado en su canto del Rey Mesías. Ahora se le llama también un sacerdote fiel. El fue profeta en su vida terrenal, hablando a los hombres la palabra de Dios. En su ministerio actual es sacerdote, representando a los hombres delante de Dios en el cielo. Cuando él venga de nuevo, será Rey de reyes y reinará para siempre. Incluso nos ha hecho a nosotros reyes y sacerdotes para Dios.

El último versículo del capítulo nos enseña el estado lastimero y paupérrimo a que descenderían los miembros de la casa de Elí. Y algunos comentaristas observan que por espacio de 50 años después de la muerte de Elí, no se menciona el ministerio de ningún sacerdote aarónico. Vemos el nombre de Ajías como el sacerdote y él es un bisnieto de Elí. ¡Cuán terrible es el pecado que reduce una familia entera a un estado de inutilidad! Según el Job 109:7-11 lo mismo pasó con Judas Iscariote. Su impiedad no sólo le afectó a él mismo, sino a toda su familia. Dios visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que le aborrecen. Pero hace misericordia a millares de los que le aman y guardan sus mandamientos.

Escasez de la Palabra y ausencia de visión

No se trataba de escasez de mercadería, o de Biblias como ocurre frecuentemente en algunas regiones del mundo, era algo peor, ya que la Palabra de Dios no está limitada a las páginas de un libro, por hermoso que este sea. Era la ausencia y el desconocimiento total del mensaje de Dios como el que había quedado atrás en el período de los Jueces. No sólo era raro oír la voz de Dios, sino más raro aún obedecer a esa voz porque cada uno hacía lo que mejor le parecía y esto no siempre era lo mejor y más sabio. Tampoco había visión manifiesta en aquel momento. Una crisis total.

Si pudiéramos trasladar con nuestro pensamiento ese momento a nuestra realidad podríamos acertar diciendo que tenían una iglesia que no enseñaba ni seguía los caminos del Señor. Tenían un pastor que se había apartado de Dios y solamente enseñaba y predicaba lo que la gente deseaba oír y creer. Elí tenía sus miembros favoritos, mientras que sus hijos vivían «la dolce vita», mal criados. La ofrenda era usada sin visión en el sostén de la obra del Señor.

Las Escrituras anticiparon días así, días cuando se enseñarían doctrinas de hombres en lugar de las doctrinas y enseñanzas divinas. Vivimos en un mundo donde la Palabra de Dios escasea y la visión está ausente.

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