1 de Reyes 3: Piedad y sabiduría de Salomón

1 de Reyes 3: Piedad y sabiduría de Salomón

1 de Reyes 3:1 Salomón hizo parentesco con Faraón rey de Egipto, pues tomó la hija de Faraón, y la trajo a la ciudad de David, entre tanto que acababa de edificar su casa, y la casa de Jehová, y los muros de Jerusalén alrededor.

De acuerdo con antiguas prácticas del Oriente, Salomón selló muchas de sus alianzas políticas por medio del matrimonio.

El matrimonio entre familias reales era una práctica común en el antiguo Cercano Oriente debido a que aseguraba la paz. Aun cuando las alianzas matrimoniales de Salomón construyeron amistad con las naciones circunvecinas, también fueron el comienzo de su caída. Estas relaciones se volvieron incursiones de ideas y prácticas paganas. Las esposas extranjeras de Salomón trajeron sus ídolos a Jerusalén y a la larga lo tentaron para que cayera en la idolatría.

Es muy fácil minimizar las diferencias religiosas para poder alentar el desarrollo de una amistad, pero igualmente las pequeñas diferencias pueden tener un gran impacto en una relación. Dios nos ha dado estándares que seguir en todas nuestras relaciones, incluso en el matrimonio. Si seguimos la voluntad de Dios, no nos veremos arrastrados de nuestro verdadero punto central.

1 de Reyes 3:2 Hasta entonces el pueblo sacrificaba en los lugares altos; porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos.

Durante la época que se describe en el libro de Jueces, Israel adoptó la costumbre pagana de ofrecer sacrificios en los lugares altos (la cima de los montes más elevados). Los paganos creían que mientras más cerca estuvieran del cielo, mayores serían las probabilidades de que sus oraciones y sacrificios llegaran a sus dioses. Como en muchos de estos lugares altos había santuarios dedicados a Baal, esta práctica estaba expresamente prohibida a los israelitas. Sin embargo, en ciertas ocasiones el Señor aprobó que su pueblo le adorase en un lugar alto. Los lugares altos de que se habla en versículo 2 y el lugar alto principal que se menciona en el versículo 4 parecen caer dentro de estas autorizaciones excepcionales, porque no había casa edificada al nombre de Jehová hasta aquellos tiempos (versículo 2). Como el tabernáculo de Moisés y el gran altar de bronce estaban en el alto de Gabaón, que Salomón sacrificase allí no debe ser visto como idolatría. Sin embargo, en los últimos años de Salomón (después de construido el templo), éste edificó lugares altos para el uso de sus esposas paganas. Esto es a lo que se refiere el versículo 3 cuando dice que Salomón anduvo en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba . . . en los lugares altos. Tras estas excepciones de la época temprana en la historia de Israel, los lugares altos estuvieron prohibidos al pueblo de Dios, aunque no fueron eliminados hasta el reinado de Josías.

1 de Reyes 3:3 Mas Salomón amó a Jehová, andando en los estatutos de su padre David; solamente sacrificaba y quemaba incienso en los lugares altos.

La ley de Dios dice que los israelitas podían hacer sacrificios sólo en lugares específicos (Deu_12:13-14). Esto era con el fin de prevenir que la gente instituyera sus propios métodos de adoración permitiendo de esa manera las prácticas paganas. Pero muchos israelitas, incluyendo al rey Salomón, hicieron sacrificios en las colinas circundantes. Salomón amaba a Dios, pero este acto fue pecado. Sacó las ofrendas del cuidado de los sacerdotes y ministros leales a Dios y abrió el camino para que la falsa enseñanza se vinculara con estos sacrificios. Dios se le apareció a Salomón para otorgarle sabiduría, pero de noche, no durante los sacrificios. Dios honró su petición pero no perdonó el sacrificio.

1 de Reyes 3:4 E iba el rey a Gabaón, porque aquél era el lugar alto principal, y sacrificaba allí; mil holocaustos sacrificaba Salomón sobre aquel altar.

1 de Reyes 3:5 Y se le apareció Jehová a Salomón en Gabaón una noche en sueños, y le dijo Dios: Pide lo que quieras que yo te dé.

1 de Reyes 3:6 Y Salomón dijo: Tú hiciste gran misericordia a tu siervo David mi padre, porque él anduvo delante de ti en verdad, en justicia, y con rectitud de corazón para contigo; y tú le has reservado esta tu gran misericordia, en que le diste hijo que se sentase en su trono, como sucede en este día.

Cuando se le dio la oportunidad de tener lo que deseara más en el mundo, Salomón pidió sabiduría («corazón entendido») para poder guiar bien al pueblo y para tomar decisiones correctas. Nosotros también podemos pedir esta misma sabiduría (Jam_1:5). Note que Salomón pidió sabiduría para llevar a cabo su trabajo. No pidió a Dios que hiciera el trabajo por él. No debemos pedir a Dios que haga por nosotros lo que El quiere hacer a través de nosotros. Por el contrario debemos pedirle que nos dé sabiduría para saber qué hacer y el valor para continuar en ello.

1 de Reyes 3:7 Ahora pues, Jehová Dios mío, tú me has puesto a mí tu siervo por rey en lugar de David mi padre; y yo soy joven, y no sé cómo entrar ni salir.

Yo soy joven , y no sé cómo entrar ni salir : Salomón no era joven en años, sino que se excusaba humildemente por su inexperiencia.

1 de Reyes 3:8 Y tu siervo está en medio de tu pueblo al cual tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar ni numerar por su multitud.

1 de Reyes 3:9 Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?

1 de Reyes 3:10 Y agradó delante del Señor que Salomón pidiese esto.

1 de Reyes 3:11 Y le dijo Dios: Porque has demandado esto, y no pediste para ti muchos días, ni pediste para ti riquezas, ni pediste la vida de tus enemigos, sino que demandaste para ti inteligencia para oir juicio,

Salomón pidió sabiduría («entendimiento»), no riqueza, pero Dios también le dio riquezas y una larga vida. A pesar de que Dios no promete riquezas a aquellos que lo sigan, nos da lo que necesitamos si ponemos su reino, sus intereses, y sus principios en primer lugar en nuestra vida. El poner su vista en las riquezas sólo lo dejará insatisfecho, porque aun cuando usted las obtenga, siempre deseará algo más. Pero si pone a Dios y a su obra en primer lugar, El satisfará sus necesidades más profundas.

1 de Reyes 3:12 he aquí lo he hecho conforme a tus palabras; he aquí que te he dado corazón sabio y entendido, tanto que no ha habido antes de ti otro como tú, ni después de ti se levantará otro como tú.

Salomón recibió «corazón sabio y entendido» por parte de Dios, pero dependía de él aplicar esa sabiduría a todas las áreas de su vida. Obviamente fue sabio al gobernar a la nación, pero fue necio en sus asuntos domésticos. La sabiduría es tanto el discernimiento para saber lo que es mejor como la fuerza de carácter para actuar sobre ese conocimiento. Aun cuando Salomón permaneció sabio toda su vida, no siempre actuó conforme a su sabiduría

1 de Reyes 3:13 Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y gloria, de tal manera que entre los reyes ninguno haya como tú en todos tus días.

La solución que Salomón dio a esta disputa fue un clásico ejemplo de su sabiduría. Este fallo sabio fue la comprobación de que Dios había respondido la petición de Salomón y le había dado discernimiento de corazón. La sabiduría de Dios también está disponible para nosotros si se la pedimos en oración. Pero, al igual que Salomón, debemos ponerla en acción. Nuestro discernimiento se manifiesta al aplicar sabiduría en la vida.

1 de Reyes 3:14 Y si anduvieres en mis caminos, guardando mis estatutos y mis mandamientos, como anduvo David tu padre, yo alargaré tus días.

1 de Reyes 3:15 Cuando Salomón despertó, vio que era sueño; y vino a Jerusalén, y se presentó delante del arca del pacto de Jehová, y sacrificó holocaustos y ofreció sacrificios de paz, e hizo también banquete a todos sus siervos.

Aunque el tabernáculo de Moisés y el altar de bronce estaban en Gabaón, el arca del pacto permaneció en Jerusalén en el tabernáculo de David

1 de Reyes 3:16 En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él.

Este animado relato es una vívida demostración de la sabiduría con que Dios había dotado a Salomón, cumpliéndose así lo que se dice en versículos 9-12.

1 de Reyes 3:17 Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa.

1 de Reyes 3:18 Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa.

1 de Reyes 3:19 Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él.

1 de Reyes 3:20 Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto.

1 de Reyes 3:21 Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz.

1 de Reyes 3:22 Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.

1 de Reyes 3:23 El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive.

1 de Reyes 3:24 Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada.

1 de Reyes 3:25 En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra.

1 de Reyes 3:26 Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo.

1 de Reyes 3:27 Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre.

1 de Reyes 3:28 Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.

Piedad y sabiduría de Salomón

Con el capítulo 3 de 1 Reyes comenzamos la primera agrupación principal de materiales en torno a Salomón y su tiempo en el trono. El material anterior aborda más bien cómo Salomón llegó al trono. El material asume la forma de una narración histórica, pero reviste elementos poderosamente teológicos. Entre estos elementos encontramos el uso por el deuteronomista de muchos materiales muy antiguos. Consisten en archivos del templo, registros reales, fragmentos litúrgicos y cuentos populares. Es claro que el uso de estos materiales por el historiador no es sólo para narrar eventos, sino para lograr enseñanzas teológicas. Adrede y con premeditación hay inserciones de materiales más antiguos con el propósito de dejar ideas que cuadren con el tiempo y la teología del historiador. Según Brueggemann, el uso de estos materiales refleja cierto sentido de ironía. Es decir, parece que la literatura dice una cosa, pero para los entendidos se sugieren otros conceptos de modo indirecto. La narración llama la atención de modo sutil a las incongruencias entre lo que parece ser verdad y lo que en realidad está sucediendo. Esto se comprueba especialmente en la caracterización de Salomón: al principio todo parece favorable, pero sutilmente se sugiere que no todo marcha bien. Finalmente, toda esta sección señala que tanto Judá como Israel se están encaminando hacia la destrucción.

Con Salomón en el trono comienza la llamada Edad de Oro del reino hebreo. Y sigue la vieja costumbre de hacer alianzas matrimoniales con otros países. Estas uniones demuestran la alta estima en que era tenido el reino hebreo. Eran usadas para asegurar la paz y la estabilidad de un país. Ademas, se hacían para extender su poder y prestigio y para ayudar a mejorar la economía de la nación.

El texto heb. Deuteronomios 3:1-2 aclara que Salomón en realidad hizo un pacto político entre Judá y Egipto (el faraón). La construcción gramatical minimiza la relación marital y recalca la alianza política entre los dos líderes. En vez de un lazo matrimonial lo que se acentúa es la alianza políticomilitar entre las dos naciones, dirigidas éstas por los dos líderes políticos. Es llamativo notar que la expresión heb. (jatan) que en la RVA se traduce emparentó (versículo 1) literalmente reza: “Salomón llegó a ser el yerno del faraón”. El erudito católico Walsh señala que la misma expresión heb. connota matices negativos en todos los demás casos en el AT. Esto es así porque en cada caso el hombre que “llega a ser el yerno” de otro hombre se hace subordinado de éste. Peor todavía, puede significar que se hace vulnerable a las influencias nocivas de su esposa. El término se emplea especialmente en advertencias a hebreos que contemplen el casarse con mujeres extranjeras. Es claro que el escritor bíblico implica indirectamente que Salomón, al emparentarse con el faraón, se compromete en algo, y también sugiere que a la postre la hija del faraón ha de resultar una influencia negativa en Israel. El deuteronomista no tarda mucho en demostrar el desenlace de este error de Salomón. Según 9:16 el faraón toma militarmente la ciudad de Gezer que, aunque pertenecía a los filisteos, estaba a poca distancia de Jerusalén. Esta se la dio su hija. Luego, en 11:1-8 se comprueba que las esposas extranjeras de Salomón lo llevan a la más crasa idolatría. Entre estas esposas figuraría como muy prominente la hija del faraón.

Pero, ¿acaso desconoce Salomón que había una ley que prohibía estas uniones matrimoniales con extranjeras? No es creíble que el rey desconociera esta violación a las leyes de Dios. ¿Pensaba con esta medida agradar a sus súbditos? ¿Habría, tal vez, un arreglo anterior en cuanto al abandono de la idolatría y una aceptación de la religión judaica? Otros piensan que el historiador, para ser fiel a los hechos, pasó por alto esta ley, sin detenerse para criticar la violación del rey a las leyes divinas. El simple relato del hecho ya es una desaprobación silenciosa a tal acto de desobediencia.

Hasta entonces el pueblo ofrecía sacrificios en los lugares altos… (versículo 2). A estas alturas el deuteronomista necesita explicar algo a sus lectores de una época posterior a los eventos narrados. Antes de que fuese construido el templo de Salomón todo el pueblo, al igual que sus vecinos paganos, solían edificar sus altares a Dios en lugares elevados, fuesen estos naturales o artificiales. Esto contribuía mucho al perenne problema del sincretismo entre los hebreos. Para el tiempo de los primeros lectores del deuteronomista, el adorar en otro lugar que no fuera el templo era sinónimo de idolatría. De hecho, en los demás escritos del historiador se juzga a los reyes de Israel o Judá según su actitud y acción en relación con los lugares altos. Si los permitían eran vistos como reyes malos; si los destruían eran considerados reyes buenos. Aquí, al hablar de la adoración de Salomón en lugares altos sugiere que el mismo amor del rey para con Jehová quedaba en entredicho por su adoración en estos lugares. Los lugares de adoración debían ser señalados por Dios mismo. Por esto, aun aquí hay una crítica implícita a Salomón. Es como si el escritor dijese: “Salomón amaba a Jehová, pero adoraba en los lugares altos”.

Pero dado que el templo no había sido construido aún, no había un lugar central de adoración unida. De modo que fueron escogidos los llamados lugares altos. Estos no fueron bien vistos, porque eran lugares en donde también se rendía culto a los Baales y a otros ídolos. De modo que, a falta de un templo, estos lugares altos fueron tolerados. Después de la construcción del templo en el monte Moriah vino la prohibición de usarlos, y la necesidad de ser destruidos.

Uno de los lugares altos estaba en Gabaón (que pertenece a una colina. versículo 4), ciudad importante en donde estaba el mismo tabernáculo que Moisés había levantado en el desierto. En Gabaón había un altar muy importante en territorio de Benjamín a unos 10 km. de Jerusalén. Este fue el lugar favorito en donde Salomón, como rey, celebró su primer culto de adoración al Señor. Y es allí, en ese lugar célebre de la historia, donde ofrece un sacrificio de tan significativa importancia. Aquí recibe una revelación especial sobre su reinado mediante un sueño.

Son dos discursos los que se destacan en la narración de la aparición de Dios a Salomón en Gabaón.

El primero es la oración de Salomón; el segundo lo constituye la respuesta del Señor. En ambos discursos hay dos temas que sobresalen: el del corazón (versículos 6, 9, 12) y el del ejemplo de David (versículos 6, 14).

¿Podrá haber una manera mejor de iniciar un rey su gobierno, que la de darle a Dios el primer lugar en su vida? Sin duda, los errores que comete Salomón al comienzo de su gobierno son el producto de su inexperiencia. ¿Heredaría de su padre David la debilidad de dejarse dominar por las circunstancias y costumbres que le rodeaban?

Pero ahora estos errores parecen ser superados, o pasados por alto, por estas demostraciones de su profunda piedad y amor hacia Dios, y por su obediencia a los principios en los que había sido educado desde su niñez. Ahora lo demuestra por este acto de adoración a su Dios. Es allí, en ese ambiente profundamente espiritual, en donde Dios se le presenta para ponerse a las órdenes de su reinado. ¡Qué cosa tan maravillosa que Dios nos permita decirle los deseos de nuestro corazón!

Salomón siente el peso de la tarea que Dios le encomienda (versículo 7). Reconoce su incapacidad para llevarla a cabo, y que necesita de toda la ayuda que Dios esté dispuesto a darle. Se siente pequeño e inexperto, aunque no en años, porque ya era un hombre de cierta madurez. ¿Qué experiencia podría tener en asuntos de gobierno? Y con un canto de alabanza, de gratitud y, sobre todo, de profunda humildad, Salomón le pide a Dios que supla su necesidad más grande: sabiduría (jacam). Más que la mera posesión de conocimientos, pide sabiduría práctica; prudencia para gobernar, aconsejar y hacer justicia; para sentir y actuar rectamente según las leyes y principios divinos, en los que él mismo había sido formado desde muy niño por su padre David. Este, sin duda, fue quien había preparado al hijo para hacer la mejor petición de su vida, además de la inspiración de Dios. Y una oración acertada recibe siempre la respuesta acertada. No había sido hecha con fines egoístas, sino para la bendición de su pueblo. Y Dios le concedió a Salomón mucho más de lo que había pedido. Dios se lo dio, por supuesto, bajo las condiciones de un pacto de obediencia y de fidelidad a las leyes divinas.

Al despertar, Salomón regresa a Jerusalén para establecer tácitamente la adoración correcta, es decir, el ofrecer sacrificios ante el arca (versículo 15).

Vv. 16-28. Sigue luego una demostración práctica de la sabiduría que Dios le había dado al rey. Es notable la amplitud de un gobierno que le permite entrada libre y directa a dos rameras que se pelean alegando ambas ser la madre del hijo. ¿No habría entonces tribunales especiales de justicia? El rey tiene que actuar personalmente como juez. Uno de los propósitos principales de esta narración es demostrar cómo Salomón administra la justicia aun para la gente más marginada.

Es importante reconocer que en el AT había dos clases de prostitución: la cúltica y la no cúltica. La primera es condenada de manera constante, por su asociación con la idolatría. La prostitución cúltica es abominable para los escritores bíblicos, no por sus implicaciones sexuales, sino por ser un medio de adorar a dioses paganos. La prostitución cúltica era muy común entre los pueblos que ocupaban el territorio que a la postre entraría en manos de los hebreos durante la conquista. Nuevamente, la condenación no estribaba en su rechazo de la sexualidad, sino en su rechazo total de la idolatría. La otra clase de prostitución en el antiguo Israel era la que conocemos hoy: el vender el cuerpo por paga. Es interesante notar que la condena no es tan severa en este caso. De hecho, muchas mujeres tenían que recurrir a la prostitución por no tener quien las sostuviera. Hay que recordar que la mujer era posesión del hombre, fuese el padre o el esposo. Al faltar uno de estos, la mujer se encontraba en situación muy difícil. Desde luego, la ramera no es heroína en la Biblia; se le pinta en colores no muy halagadores, sobre todo en Proverbios. Sólo es importante reconocer en este caso del juicio de Salomón que las rameras en cuestión no eran prostitutas cúlticas.

Salomón demuestra ser conocedor profundo de los sentimientos que mueven al ser humano. Parece que los hebreos los ubicaban en el abdomen, mientras que hoy lo hacemos en el corazón. Lo cierto es que Salomón, al apelar a estos sentimientos naturales, pronuncia una sentencia sabia, justa y asombrosa. Con ella se gana la admiración y la fama de ser el más sabio de su tiempo en todo el oriente.

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