1-de-Crónicas-5-Descendientes-de-Rubén

1 de Crónicas 5: Descendientes de Rubén

1 de Crónicas 5:1 Rubén era el primogénito de Israel, pero como profanó el lecho de su padre,[a] sus derechos de primogenitura fueron dados a los hijos de José hijo de Israel, y no fue contado por primogénito.

El pecado de incesto de Rubén fue registrado para que todas las futuras generaciones lo leyeran. El propósito de este epitafio, sin embargo, no fue difamar el nombre de Rubén, sino mostrar que los recuerdos dolorosos no son los únicos resultados del pecado. Las verdaderas consecuencias del pecado son vidas arruinadas. Como hijo mayor, Rubén era el heredero legítimo tanto de una doble porción de la fortuna de su padre como del liderazgo de los descendientes de Abraham, que ya eran una gran tribu. Pero su pecado lo despojó de sus derechos y privilegios y arruinó a su familia. Antes de rendirse ante la tentación eche un vistazo cuidadoso a las consecuencias desastrosas que el pecado puede tener en su vida y en la de los demás.

1 de Crónicas 5:2 Es verdad que Judá llegó a ser más poderoso que sus hermanos, y el príncipe de ellos,[b] pero el derecho de primogenitura fue de José.

Este príncipe de la tribu de Judá se refiere tanto a David como a su línea real, y a Jesús el Mesías, el más grande de los descendientes de David.

1 de Crónicas 5:3 Los hijos de Rubén, primogénito de Israel, fueron: Hanoc, Falú, Hezrón y Carmi.[c]

1 de Crónicas 5:4 Los descendientes de Joel fueron: Semaías, Gog, Simei,

1 de Crónicas 5:5 Micaía, Reaía, Baal,

1 de Crónicas 5:6 Beera, principal de los rubenitas, que fue llevado cautivo por Tiglat-pileser, rey de los asirios.[d]

1 de Crónicas 5:7 Sus hermanos, por sus familias, según el registro de sus genealogías, fueron Jeiel, el primero y Zacarías.

1 de Crónicas 5:8 Bela hijo de Azaz hijo de Sema, hijo de Joel, habitó en Aroer hasta Nebo y Baal-meón.[e]

1 de Crónicas 5:9 Habitó también al oriente hasta el borde del desierto que se extiende desde el río Éufrates, porque su ganado se había multiplicado en la tierra de Galaad.[f]

1 de Crónicas 5:10 En los días de Saúl hicieron guerra contra los agarenos, los cuales cayeron en sus manos; y ellos habitaron en sus tiendas en toda la región oriental de Galaad.[g]

1 de Crónicas 5:11 Descendientes de Gad. Los hijos de Gad habitaron enfrente de ellos en la tierra de Basán hasta Salca.[h]

1 de Crónicas 5:12 Joel fue el principal en Basán; el segundo, Safán, luego Jaanai, después Safat.

1 de Crónicas 5:13 Sus hermanos, según las familias de sus padres, fueron Micael, Mesulam, Seba, Jorai, Jacán, Zía y Heber; por todos siete.

1 de Crónicas 5:14 Estos fueron los hijos de Abihail hijo de Huri hijo de Jaroa, hijo de Galaad, hijo de Micael, hijo de Jesisai, hijo de Jahdo, hijo de Buz.

1 de Crónicas 5:15 También Ahí hijo de Abdiel hijo de Guni, fue principal en la casa de sus padres.

1 de Crónicas 5:16 Ellos habitaron en Galaad, en Basán y en sus aldeas, y en todos los ejidos de Sarón, hasta sus confines.

1 de Crónicas 5:17 Todos estos fueron contados por sus generaciones en días de Jotam, rey de Judá, y en días de Jeroboam, rey de Israel.

1 de Crónicas 5:18 Historia de las dos tribus y media Los hijos de Rubén y de Gad, y la media tribu de Manasés, hombres valientes, hombres que llevaban escudo y espada, que manejaban el arco, y diestros en la guerra, eran cuarenta y cuatro mil setecientos sesenta que salían a batalla.

Los ejércitos de Rubén, Gad y Manasés tuvieron éxito en la batalla porque confiaron en Dios. A pesar de que como soldados tenían el instinto y las habilidades necesarias, oraron y buscaron la dirección de Dios. Las habilidades naturales y desarrolladas que Dios nos da, deben ser usadas para El, pero nunca deben reemplazar nuestra dependencia de Dios. Cuando confiamos en nuestra propia inteligencia, habilidad y fuerza en vez de confiar en Dios, abrimos la puerta al orgullo. Cuando se encuentre ante situaciones difíciles, busque el propósito de Dios y pida su dirección y fortaleza. El Salmo 20:7 dice: «Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria»

1 de Crónicas 5:19 Estos guerrearon contra los agarenos, Jetur, Nafis y Nodab.[i]

1 de Crónicas 5:20 Pero en medio de la guerra clamaron a Dios y él les ayudó, por cuanto confiaron en él, de tal manera que los agarenos y todos los que con ellos estaban cayeron en sus manos.

1 de Crónicas 5:21 Y tomaron sus ganados: cincuenta mil camellos, doscientas cincuenta mil ovejas y dos mil asnos; también cien mil personas.

1 de Crónicas 5:22 Y cayeron muchos muertos, porque la guerra era de Dios; y habitaron en sus lugares hasta el cautiverio.

El cautiverio mencionado aquí se refiere al exilio de las diez tribus del norte (Israel) a Asiria en 722 a.C. Estas tribus nunca regresaron a su tierra natal. Esta historia se encuentra en 2 Reyes 15.29-17.41.

1 de Crónicas 5:23 Los hijos de la media tribu de Manasés, multiplicados en gran manera,[j] habitaron en la tierra desde Basán hasta Baal-hermón, Senir y el monte Hermón.

1 de Crónicas 5:24 Estos fueron los jefes de las casas de sus padres: Efer, Isi, Eliel, Azriel, Jeremías, Hodavías y Jahdiel, hombres valientes y esforzados, hombres famosos y jefes de las casas de sus padres.

Como guerreros y líderes, estos hombres habían establecido reputaciones excelentes de su gran habilidad y sus cualidades de liderazgo. Pero ante los ojos de Dios fracasaron en la cualidad más importante: ser fieles a Dios. Si usted trata de medirse con los modelos de la sociedad para la fama y el éxito, estará descuidando su verdadero propósito: agradar y obedecer a Dios. En última instancia, únicamente El examina nuestros corazones y determina nuestra posición final.

1 de Crónicas 5:25 Pero se rebelaron contra el Dios de sus padres, y se prostituyeron siguiendo a los dioses de los pueblos de la tierra, a los cuales Jehová había quitado de delante de ellos;[k]

1 de Crónicas 5:26 por lo cual el Dios de Israel excitó el espíritu de Pul,[l] rey de los asirios, y el espíritu de Tiglat-pileser,[m] rey de los asirios, el cual deportó a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y los llevó a Halah, a Habor, a Hara y al río Gozán, hasta el día de hoy.

Descendientes de Rubén

Rubén fue el primogénito de Jacob en unión con Lea, pero por su deslealtad a su padre, por haberlo deshonrado al tomar a una de las concubinas del patriarca como compañera sexual, éste perdió la primogenitura. Esta fue cedida a José, el primer hijo que Raquel, la amada, dio a Jacob. Los primeros versículos de esta sección se dedican a explicar por qué Judá tiene preeminencia y no Rubén. Se debe notar que al recibir la primogenitura, José gozaba de una doble porción de la herencia; también le favoreció esta primogenitura cuando la partición de las tierras entre las tribus. Se aprecia que los beneficios materiales fueron cedidos a José, pero los otros beneficios, dignidad y preeminencia, son legados a Judá.

La estructura de esta sección se asemeja a la de Simeón, es decir, se habla de la familia, las regiones geográficas ocupadas y ciertas acciones. Se nota, no obstante, que la sección dedicada a la geografía es muy corta. Es posible que la semejanza de arreglo literario se deba a la misma semejanza en las fuentes del Cronista.

El comentarista Clarke llama la atención a la interpretación mesiánica del versículo 2: … procede un príncipe. Tanto la Siríaca como la Arábiga, lo interpretan como refiriéndose a Cristo: “De Judá saldrá el Rey Mesías”. Desde luego, esta sería una interpretación a la luz de Jesucristo, pero el Cronista difícilmente pudiera haber interpretado la expresión de esa manera. Sin duda, las versiones aludidas interpretan el pasaje mesiánicamente, pero fue sólo hasta el primer siglo cristiano que se lo pudiera interpretar históricamente como aludiendo a Jesucristo.

Llama la atención que la lista de los hijos de Rubén dada aquí no concuerda con la de Génesis 46:9, Exodo 6:14 y Numeros 26:5. La fidelidad del Cronista a sus fuentes muy antiguas (ver abajo) haría que incluyera esta lista aunque estaría bien enterado de la divergencia.

Aunque el Cronista pretende dar en los versículos 4-6 una genealogía de la tribu de Rubén, es muy difícil encontrar una conexión lógica de esta sección (los hijos de Joel) con tal tribu. Por la misma brevedad de la lista, no puede representar un cuadro completo de los hijos de Rubén hasta el exilio de las tribus del Norte. Las tribus norteñas sufrieron tal exilio a manos de los asirios en 722 a. de J.C. Por estas razones, esta sección no deja de ser un tanto enigmática para muchos. Tal vez una razón para cierta confusión es que estas tribus de la transjordania desaparecieron cuando la destrucción del Reino del Norte (Israel). Para la comunidad postexílica, a la que el Cronista escribe, estas tribus y sus tradiciones históricas, aunque fragmentarias, eran importantes. Esto era así, porque algunos descendientes de ellos figuraban en la comunidad del Cronista. También por el sencillo hecho de que estas tradiciones perteneciesen a la historia del pueblo de Israel, esto hacía que fuesen sacrosantas. Lo que sí se puede decir con firmeza es que la aparición del nombre Baal atestigua de la antigüedad de la fuente del Cronista, pues con la venida del Reino Unido (la época de Saúl, David y Salomón), los nombres personales compuestos con este nombre del dios pagano fueron suprimidos. Todo esto nos dice que las tradiciones del Cronista respecto a Rubén, aunque un tanto confusas, sí son de un período muy antiguo.

Los versículos 9 y 10 confirman la vida poco estable de la tribu de Rubén la cual a la postre quedó como parte de la tribu de Gad. No obstante, parece que durante su tiempo en el oriente los rubenitas conquistaron a unos descendientes de Agar o bien ismaelitas. El versículo 10 alude a estos ismaelitas como hagrienos. Estos “primos hermanos distantes” de Rubén parecen haber sido tribus muy ricas y poderosas en los desiertos de Siria. La conquista de ellas por los rubenitas fue una hazaña de mucha importancia.

Primogenitura y soberanía de Dios Es sabida la gran importancia que los hebreos daban al primer hijo varón. El primogénito debía ser consagrado a Dios; era destinado a continuar el nombre del clan o tribu en su tiempo, designación que éste transmitía a su primogénito y así sucesivamente a través de las generaciones. No sólo perpetuaba su nombre, sino que también ocupaba su cargo y oficio. Sin embargo, en varios casos bíblicos el derecho a la primogenitura fue anulado por razones diversas: Esaú la perdió por un plato de lentejas; Rubén por haber seguido sus deseos profanando el lecho de su padre; Amnón, primogénito de David, deshonró a Tamar, su hermana paterna: esto le costó la vida, ya que Absalón vengó la deshonra familiar. Daniel (o Quileab) el mayor de los hijos vivos, desaparece de los relatos, quizás por una muerte prematura. Absalón es muerto en su intento rebelde de posesionarse del trono. Adonías, el siguiente, luego de intentar por la fuerza apoderarse del trono en vida de David, fue despedido por Salomón ya coronado rey. A la muerte de David, un pedido desafortunado de Adonías lleva a Salomón a condenarlo a muerte. Esto confirma el juramento de David que Betsabé recuerda al rey. El otro caso, dramático por cierto es el del mismo pueblo de Israel, a quien Dios llama mi primogénito, pero que más tarde iba a rechazar al Ungido de Dios. Pablo anhela que el Israel de la carne vuelva a ser incluído entre los hijos de la promesa.

Cada uno de estos incidentes confirman que la soberanía de Dios trasciende todo tipo de costumbres, tradiciones o leyes. Es válido, entonces, recordar las palabras del apóstol Pablo: Por lo tanto, no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios quien tiene misercordia.

Descendientes de Gad

Este material del Cronista es totalmente diferente a la información respecto a Gad que se halla en Numeros 26:15-18. Esto quiere decir que aquí el escritor depende de una fuente extrabíblica cuya procedencia se ignora.

Nombres de los hijos de Jacob y José

Rubén: «Ved un hijo»; Simeón: «(Dios) oye»; Leví: «Unión», «ligadura»; Judá: «Alabanza»; Dan: «El que hace justicia»; Neftalíx: «Mi conflicto»; Gadx: «Fortuna»; Aser: «Felicidad»; Isacar: «Hay recompensa»; Zabulón: «Honra»; DINA: «La que hace justicia»; José: «El añade»; Benjamín: «Hijo de mi mano derecha», es decir «preferido»; Manasés: «El que hace olvidar»; Efraín: «Fructífero»

Se nota también que se diferencia de las demás genealogías en que comienza con alusiones geográficas en lugar de referencias a los integrantes de las familias mismas. Se observa que el Cronista muy adrede conecta editorialmente esta sección con la inmediatamente anterior: … frente a ellos. Además, va a asociar a los hijos de Gad con los de Rubén y con los de la media tribu de Manasés lo cual refleja no tan sólo los énfasis del Cronista, sino también revela elementos históricos tocante a las batallas libradas por estas tribus aliadas contra los árabes (ismaelitas). Respecto a estas batallas y las cifras dadas por el Cronista), hay algunos que opinan que éste es muy dado a las exageraciones numéricas. Sin duda, el Cronista hace sus cálculos en base a su fuente propia, y aunque las cifras son admitidamente grandes, son bastante menores que las que se encuentran en Numeros 1:25 (45.650) y Numeros 26:18 (40.500) respectivamente. Eso sí, muchos eruditos creen que al Cronista se le fue la mano en sus cifras respecto al botín mencionado en el versículo 21.

Tocante a los lugares mencionados, se debe advertir que Basán, tal y como reza Deuteronomio 3:10 es una región colindante con Galaad. Conviene reconocer, además, que el Sarón aludido en el versículo 16 no es la llanura en las cercanías de Carmel o sea al occidente del río Jordán. Este Sarón era más bien una región en el territorio de Basán al oriente del mencionado río. Según el comentarista Clarke, hay tres sitios con el mismo nombre mencionados en la Biblia. Esta ambigüedad ocasiona bastante confusión al estudiante de la Biblia. Es evidente en base al mismo versículo 11 que los gaditas tomaron para sí algunos territorios hacia el norte a expensas de sus hermanos, los descendientes de Manasés. Esto se aprecia cuando se comparan las extensiones territoriales que se detallan en los versículos 23 y 24 de este capítulo con el versículo 11.

El versículo 17 alude a dos registros de genealogías: uno durante el tiempo de Jotam y otro durante el reinado de Jeroboam II del Norte. El registro hecho bajo la autoridad de Jotam se hizo cuando Judá estaba en problemas después de la invasión de Tiglatpileser. En cambio, el período del reinado de Jeroboam II se caracterizaba por fuerza, pujanza y vitalidad.

Los versículos 18-22 vienen siendo un comentario adicional sobre la guerra aludida en el versículo 10. En esta descripción se acentúa la costumbre del Cronista de dar pormenores en torno a batallas. Por lo tanto, es muy probable que en esta sección el Cronista haga una relectura de sus fuentes. Es decir, el escritor toma bastantes libertades con sus fuentes, y el resultado demuestra claramente las señales características del Cronista. No es que falsifique sus fuentes; simplemente las utiliza de tal modo que se destaquen sus propios énfasis. Un ejemplo de este énfasis es la idea de que esta guerra con los agarenos era de Dios. Precisamente la asociación de Dios con la matanza de tanta gente inquieta a muchos lectores contemporáneos de la Biblia. Aunque esta guerra no era exactamente una de las “guerras santas” i (cheremi ) como cuando la conquista y descritas en el libro de Josué, sí se nos dice que estas tribus orientales eran enviadas en una misión divina. Sobre todo, para los lectores que conocen a Dios en Jesucristo, esta alusión a Dios como directamente involucrado en la guerra es preocupante si no escandalosa. Aunque no hay una solución fácil (el que los destruidos fuesen paganos no resuelve el problema), sí ayuda recordar que estos relatos reflejan la teología del Cronista quien, dicho sea de paso, no tenía la revelación completa de Dios en Cristo y quien compartía la idea de su día: que Dios efectivamente libraba las batallas directamente por ellos. Pareciera, según el relato, que los integrantes de estas tribus comenzaron la batalla por su cuenta, y luego pidieron socorro a Dios.

Como un aparte, se debe aclarar que el exilio mencionado se refiere al asirio y no al babilónico. El primero tuvo lugar en el siglo VIII a. de J.C. y el último durante el siglo VI a. de J.C.

Descendientes de Manasés

Es probable que estos textos sean un comentario extendido sobre el versículo 22 cuyo contenido se basa en 2 Reyes 26b. El propósito principal del comentario es indicar que lo que pasó a los hijos de Manasés ocurrió también a los rubenitas y a los gaditas. Algunos escritores opinan que este material no corresponde al Cronista, sino a un editor posterior; sin embargo, es patentemente difícil comprobar tal hipótesis.

En cuanto a la ubicación geográfica de esta tribu, se debe aclarar que los límites sureños hasta Baali -hermon y Senir, es decir, el monte Hermón no se refieren a tres lugares sino simplemente a uno solo: el monte Hermón. Según Deuteronomio 3:9, diferentes pueblos tenían nombres distintos para el monte. Parece que en este caso el Cronista ha incluido tres nombres conocidos pero todos alusivos al mismo monte. Una explicación alternativa es la que alega que los tres nombres, Baalhermón, Senir y el monte Hermón, aluden a tres partes diferentes del mismo monte.

Respecto a la misma familia de Manasés, se advierte que hay una sección adicional sobre ella en 1 de Cronicas 7:14-19. El Cronista alude en estos versículos presentes sólo a los elementos tribales orientales, porque estos comparten el mismo destino que Gad y Rubén; es decir, desaparecen con el exilio a manos de Tiglatpileser. Se mencionan, al parecer, los nombres de dos reyes: Pul y Tiglatpileser, pero el Cronista alude a una sola persona con los dos nombres.

Según el versículo 26, hubo deportaciones de israelitas a varios lugares. Entre estos lugares figura el nombre Habor. Varios comentaristas identifican a este lugar como un río, pero lo mas probable es que fuera una ciudad o bien un distrito político de los asirios. Estos solían dar nombres a sus distritos en base a ríos en el área.

Es muy notable la teología del Cronista en estos relatos cuando asevera que fue el mismo Dios de los hebreos el que incitó al rey asirio para que lo sirviera como instrumento de justicia. No tan sólo las tribus sufrieron por su deslealtad (idolatría) a Dios (concepto muy arraigado en el historiador deuteronómico), sino que también el Cronista refleja el mismo sentir de los profetas clásicos al ver a Dios como gobernando al mundo e interviniendo en los asuntos políticos y sociales. Esto lo hacía utilizando a los potentados paganos como instrumentos de su justicia contra su propio pueblo.

Verdades prácticas

1. No sirve de nada ser valeroso o tener renombre si no se cuenta con el favor de Dios.

2. El hombre tiende a volver a sus viejos hábitos, a pesar de estar consciente que son malos y contrarios a la voluntad de Dios.

3. La irrupción de Tiglatpileser en el forjamiento de la historia del pueblo de Israel demuestra una vez más la soberanía de Dios, quien es Señor de la historia.

4. Los líderes gentiles que marcaron a los israelitas no lo hicieron siempre de forma negativa: El rey Ciro firmó un decreto para que ellos volvieran de la cautividad a reconstruir el templo en Jerusalén.

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