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1 de Crónicas 20: Caída y destrucción de Rabá

1 de Crónicas 20:1  Caída y destrucción de Rabá (2 S 12.26-31) Al año siguiente, en el tiempo en que suelen los reyes salir a la guerra, Joab sacó las fuerzas del ejército y destruyó la tierra de los amonitas. Luego fue y sitió a Rabá, mientras David estaba en Jerusalén.[a] Joab atacó a Rabá y la destruyó.

Rabá era la capital de los amonitas y es el sitio de la Amán moderna en Jordania.

Entre los versículos 1 y 2, 2 Samuel inserta el episodio en el cual David comete adulterio con Betsabé.

El adulterio de David ocurrió en este tiempo, mientras David permaneció en Jerusalén en vez de ir a la batalla. Esta historia pudo haber sido excluida de 1 Crónicas debido a que el libro fue escrito para enfatizar la atención en el interés a largo plazo de Dios sobre Israel y en el templo como símbolo de la presencia de Dios entre ellos. La historia de David y Betsabé no cumple con este propósito. La historia de la rebelión de Absalón, que ocurrió entre este capítulo y el siguiente, tal vez fue omitida por la misma razón.

Los reyes salían a la batalla luego de la cosecha de primavera. Era durante este tiempo que el trabajo en el campo se reducía y que los ejércitos podían vivir de lo que producía la tierra. Durante el invierno, ellos planeaban las futuras conquistas. Luego, cuando el clima lo permitía, sus ejércitos salían a la guerra. Pero David ignoró esta oportunidad. El permaneció en su casa y envió a Joab a ponerse al frente del ejército. Fue durante este tiempo de inactividad que pecó con Betsabé. Reconozca las “primaveras” de su vida, los tiempos en que Dios quiere que usted responda, tome la iniciativa y haga su voluntad. Es durante estos momentos críticos que podemos estar más sensible a la tentación. Determínese tomar la acción que Dios le ha señalado. Que su inactividad no sea un punto de apoyo para la tentación.

1 de Crónicas 20:2  Entonces tomó David la corona de encima de la cabeza del rey de Rabá, y descubrió que pesaba un talento de oro. Había en ella piedras preciosas; y fue puesta sobre la cabeza de David. Además de esto sacó de la ciudad un botín muy grande.

1 de Crónicas 20:3  Sacó también al pueblo que estaba en ella, y lo puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y con hachas. Lo mismo hizo David a todas las ciudades de los amonitas. Y volvió David con todo el ejército a Jerusalén.

1 de Crónicas 20:4  Los hombres de David matan a los gigantes (2 S 21.18-22) Después de esto aconteció que tuvo lugar una batalla en Gezer contra los filisteos; y Sibecai, el husatita, mató a Sipai, de los descendientes de los gigantes;[b] y fueron humillados.

El Jonatán que se menciona en el versículo 7, no es el hijo de Saúl, amigo de David, sino el sobrino de éste último, el hijo de Sama

1 de Crónicas 20:5  Y hubo otra guerra contra los filisteos; y Elhanán hijo de Jair mató a Lahmi, hermano de Goliat,[c] el geteo, cuya lanza tenía un asta tan grande como un rodillo de telar.

1 de Crónicas 20:6  Volvió a haber guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía seis dedos en los pies y las manos, veinticuatro en total; y era descendiente de los gigantes.

1 de Crónicas 20:7  Este hombre desafió a Israel, pero lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David.

1 de Crónicas 20:8  Estos eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron a manos de David y de sus siervos.

David captura a Rabatamón

Es obvio que este pasaje se basa en 2 de Samuel 12:26-31, pero es igualmente evidente que hay varias diferencias significativas. Esta batalla contra los amonitas es la última, y en cierta medida representa un desquite o venganza contra la ofensa de éstos en agravio de David. El tiempo de guerra para los reyes aludido por el Cronista probablemente se refiera a los meses después de las lluvias de primavera.

Según la fuente en el libro de Samuel, Joab, el general de los ejércitos de David, jugó sólo un papel preparatorio en la conquista de esta ciudad capital de los amonitas, pero fue David el que tomó la ciudad. Joab procedió con la batalla hasta el punto de sitiar la ciudad, pero luego hizo llamar a David con el fin de que viniera a dar “el tiro de gracia”. Según el historiador deuteronómico (autor de los libros de Samuel y otros), el mismo general no quería ser el principal en la toma de la ciudad para que la misma no llevara su nombre. Todo esto se lee como si fuera escrito por el mismo Cronista, pues tiende a elevar a David y no al general. En cambio, el Cronista tajantemente dice que el mismo general destruyó la ciudad, habiéndose quedado David en Jerusalén. Desde luego, cronológicamente es a esta altura cuando David está en Jerusalén inmiscuyéndose en asuntos que no le convenían (¡Betsabé!). Es obvio que el Cronista deja fuera esta historia adrede, pero de repente hace que David esté presente en Raba para posesionarse de la corona del rey amonita. ¿Sería toda esta inversión de papeles de parte del Cronista una maniobra para disimular lo de Betsabé?

Hay una ambigüedad textual en el versículo 3 que ha ocasionado no poca consternación entre los lectores. El Cronista emplea un verbo que a primera vista hace que los amonitas sean despedazados por sierras. El pasaje básico en 2 de Samuel 12:31 dice que David puso a trabajar a la gente con sierras. Obviamente hay una gran diferencia entre trabajos forzados para los amonitas y una muerte sangrienta. Algunos, llamando la atención a corrupciones textuales, opinan que el verbo más bien comunica que David mandó a cortar o destruir los ídolos de los amonitas. Precisamente debido al problema textual, es mejor hacer lo que nuestros traductores han hecho con el pasaje: permitir que se lea como el pasaje básico en Samuel.

Uno no puede menos que sentir cierta lástima por el rey David cuando se considera el peso de la corona que fue puesta sobre su cabeza. ¡Esta corona de oro y de piedras preciosas pesaba, según el Cronista, no menos de 33 kg.! Pero él sólo quiere demostrar, junto con su fuente, que David merecía todo el botín de los amonitas. Todo este botín, en cierta medida, demostraba que Dios estaba con él.

Otras campañas contra los filisteos

El autor concluye su descripción de las guerras de David con un último conflicto con los filisteos, los enemigos acérrimos y más persistentes de Israel. Este relato se basa en 2 de Samuel 21:18-22.

El escritor deuteronómico ubica la guerra en un lugar llamado Gob; el Cronista sitúa la batalla en Gezer. Los geógrafos bíblicos se hallan en aprietos tratando de encontrar cualquiera de los dos lugares. El que el Cronista use otro nombre que el de Samuel probablemente se deba a que emplea un nombre más familiar para sus lectores dentro de la misma región. No es nada raro que haga esto. En este mismo versículo se habla de la muerte de Sipai, uno de los descendientes de los refaítas o raza de gigantes. Esta alusión probablemente se remonta al relato en Genesis 6:4 en donde la unión de los hijos de Dios con las hijas de los hombres produjeron gigantes. Debe notarse que el hebreo se traduce “los caídos”. Por el contexto en el pasaje en Génesis, se nota que el propósito del escritor es hablar de la pecaminosidad de los hombres preisraelitas antes del diluvio. No es nada sorprendente de que esto describa a los habitantes de Canaán.

Los problemas geográficos, no obstante, no eran los más grandes del Cronista en este pasaje. Hay una aparente discrepancia en la fuente del Cronista; 2 de Samuel 21:19 atribuye la muerte de Goliat, el gigante, a Eljanán, oriundo de Belén. El Cronista sabe muy bien que 1 de Samuel 17 relata en forma detallada la muerte de Goliat a manos de David. El mismo escritor bíblico, más con deseo sano de corregir un texto confuso que falsificar datos, hace que Eljanán mate al hermano de Goliat. Algunos lectores modernos de los pasajes conflictivos en los dos libros de Samuel sugieren que Eljanán era otro nombre para David. Eljanán sería el nombre de cuna de David, mientras este último sería su nombre de adulto. Otra solución sugiere que el nombre de Goliat no aparecía originalmente en el texto de 1 de Samuel 17, sino que fue colocado allí posteriormente por alguien conocedor del pasaje en Crónicas. Sea la que fuere la solución, esta historia del Cronista y la del historiador deuteronómico no carecen de fundamento histórico y significado teológico pese a sus problemas textuales.

Matthew Henry, el famoso exégeta devocional del siglo XVIII, comenta sobre este pasaje, sermoneando un tanto: “Vemos gigantes entre los filisteos, pero nunca entre los israelitas; vemos gigantes en Gat, pero no en Jerusalén. Es que el crecimiento de las plantas de Dios no se efectúa en volumen, sino en utilidad.”

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